Existen indicios históricos de la Responsabilidad Social empresaria, que en su nacimiento estaba estrechamente relacionada con la función estatal de regular el bienestar de la comunidad. Pero es a partir del siglo XIX que comienza a utilizarse con más fuerza el término, debido a las falencias que comienza a tener el Estado en el aspecto social. Es en ese momento que las empresas comienzan a adoptar un rol mas comprometido con el aspecto social y un comportamiento paternalista.
Pero no es hasta fines del siglo XX, a partir de los años ’60, cuando empieza a expandirse la literatura académica sobre el tema.
En 1970, el premio Nobel Milton Friedman da a conocer un artículo titulado “la responsabilidad social de la empresa es incrementar su beneficio” , en el cual desarrolla su teoría sobre el tema en cuestión. En este artículo tan controvertido el autor plantea qué intereses corporativos tendrían que ser defendidos, sosteniendo como bien lo indica su titulo, que las empresas existen para generar e incrementar sus beneficios, ateniéndose a la ley y actuando de acuerdo a costumbres éticas. Sustenta dicha teoría en la creencia de que solamente las personas pueden tener responsabilidad, y considera a las empresas como personas artificiales, y como tales no pueden ser responsables bajo ningún punto de vista. Argumenta que los directivos son empleados de sus accionistas y que por lo tanto responden ante ellos. La respuesta, según Friedman, radica en lograr generar la mayor ganancia posible en el negocio. Considera que al realizar acciones que tiendan por ejemplo a mejorar el bienestar de la sociedad, a reducir la contaminación, a generar mejores condiciones laborales, el directivo estaría actuando en contra de los intereses de los accionistas, utilizando su dinero y reduciendo su ganancia. Y al actuar de esa manera la empresa estaría realizando tareas que son propias del Estado, para las cuales no están preparadas.
En un artículo llamado “La responsabilidad social de las empresas: La brecha entre los principios y las acciones” la autora sostiene que una posición muy similar a la de Friedman, aunque sin tanta difusión como la de este ultimo, fue la presentada en 1958 por Theodore Levitt de la Universidad de Harvard.
Existen dos grandes corrientes éticas, la utilitarista y los clásicos, que mantienen posiciones divergentes sobre el tema. Por una parte los utilitaristas se encuentran a favor de Milton Friedman, mientras que por otro lado los clásicos sostienen una posición contraria a la del autor, por dos razones: la primera es que las empresas en su labor cotidiana toman de la sociedad una serie de bienes para desempeñar sus funciones, como por ejemplo recursos naturales y trabajadores, y por lo tanto adquieren una responsabilidad para con dicha sociedad en la que se encuentran inmersas. Y la segunda razón que esgrimen es que la empresa tiene deberes no solo con los accionistas, sino con toda la sociedad, por lo tanto no es correcto afirmar que el objetivo único al que deben hacer frente sea la obtención de beneficios, sino que tienen muchos objetivos por los que trabajar, y muchas obligaciones a las que hacer frente.
En 1973 surge una teoría opuesta a la de Friedman, propuesta por Kenneth Arrow en la cual rechaza el argumento de que la única responsabilidad social de las empresas debe ser maximizar beneficios. Según su teoría la distribución de ingresos que resultase de la maximización de beneficios sin restricciones generaría una gran falta de equidad, lo que llevaría a la sociedad a dejar de lado las conductas altruistas. Arrow señala que “resulta deseable la presencia de cierta idea de responsabilidad social, sea ella “ética, moral o legal” .
Ya en los años ’80 surge con fuerza un modelo socioeconómico (Freeman, 1984; Carrol 1979) que aboga por la Responsabilidad Social Corporativa propiamente dicha. La empresa ya no solo tiene la responsabilidad con los accionistas de maximizar beneficios, sino que además tiene responsabilidades con todos los Stakehoders, es decir aquellas personas o grupos de interés que pueden tener algún efecto o ser afectados por las acciones que llevan a cabo las compañías para alcanzar sus objetivos. Si las empresas no toman en cuenta las necesidades de estos grupos de interés, podrán generar efectos negativos tanto en su labor cotidiana como en la rentabilidad de sus accionistas. A partir de esta teoría los aspectos económicos y sociales no deben verse como separados e independientes, sino con una visión sistémica donde ambos elementos se encuentran interrelacionados, y donde las acciones sobre uno de ellos tendrá influencia y se vera influido por el otro.
Grupos de interés
Por un lado se encuentran los grupos de interés internos, es decir aquellos que forman parte de la estructura de la organización, dentro de los que se encuentran los siguientes:
Empleados: entre sus necesidades, relacionadas al accionar de las empresas en las que desempeñan sus labores, se pueden distinguir: un salario justo y equitativo, seguridad en el puesto de trabajo, condiciones dignas de empleo, la posibilidad de un desarrollo profesional, entre otras.
Accionistas y/o propietarios: estos grupos de interés buscan un accionar responsable y correcto de las empresas, y que aprovechen todas las oportunidades con el fin de incrementar sus beneficios.
Por otro lado existen grupos de interés externos que si bien no forman parte de la estructura organizacional, se relacionan de una u otra forma con ella. Dentro de esta categorización se pueden encontrar:
Clientes: Ellos pretenden que las empresas, por medio de sus productos y/o servicios, satisfagan necesidades insatisfechas mejorando su condición de vida. Además valoran que los productos ofrecidos se ajusten al cuidado del medio ambiente y a la protección de la sociedad en general.
Proveedores: buscan entablar con la empresa una relación de confianza y respeto donde ambas obtengan beneficios.
Competidores: Demandan un comportamiento leal, y en algunos casos de cooperación, que permitan generar mejores condiciones de mercado para todos los integrantes.
Agentes sociales: Corresponde a aquellos grupos que pueden tener una influencia significativa en las acciones de las empresas, entre los que se encuentran: sindicatos de trabajadores, organizaciones empresariales, Asociaciones de consumidores, etc. Ademas se incluyen grupos de opinión como los medios de comunicación y ONGs, entre otras.
Comunidad Local: Incluye aquellas entidades del entorno local de la empresa como ser: iglesias, asociaciones vecinales, fundaciones, Escuelas, etc.
Estado: Busca garantizar el cumplimiento por parte de las empresas de las leyes vigentes, garantizando el desarrollo sostenible, y enfatizando el aspecto económico, social y ambiental en las actividades de dichas empresas.
Sociedad: Exigen a las empresas el compromiso de actuar correctamente en los aspectos económico, social y medioambiental. Con éste comportamiento las empresas logran un reconocimiento y una aceptación en la sociedad en la que desarrollan sus actividades
Si bien existen más grupos de interés se cree que estos son los más importantes a la hora de entender acabadamente el concepto de RSE.
Habiendo definido muy brevemente las principales teorías sobre el tema es conveniente puntualizar algunas consideraciones sobre la cuestión:
Como un primer punto a destacar se puede afirmar que no existe una concepción unánime sobre el tema, existiendo diversas teorías contrapuestas que ven el mismo concepto de maneras muy disímiles.
Si bien se pueden encontrar puntos débiles tanto en el modelo clásico como en el socioeconómico, se cree evidente la superioridad de este último por sobre el clásico.
La primera ventaja evidente es que el modelo socioeconómico tiene una visión sistémica, es decir que ve a la empresa como una unidad inserta en un sistema social en el que influye y por el que se ve influido. De ahí la necesidad de responder ante todos los miembros de esa sociedad y no solo ante sus dueños y accionistas, como sostiene el modelo defendido por Friedman.
Si bien es cierto que las empresas privadas deben actuar con el objetivo de generar utilidades para los accionistas, no hay que perder de vista que su supervivencia depende de aquellos trabajadores que día a día producen bienes y servicios, de los consumidores que los compran, y de la sociedad que pone a su disposición un sistema de reglas y estructuras que permite el mencionado circuito.
Otro error en el que incurre la postura del modelo clásico es limitar el deseo de los accionistas a la obtención de beneficios sin justificar las causas de dicha aseveración, además del peligro que significa considerar solo a éstos como afectados por el accionar de la organización, cuando muchas veces se trata de simples especuladores a los que no les interesa realmente el futuro de la organización sino simplemente la creación de rendimientos cortoplacistas que le generen un rédito por su inversión.
Hasta los años ochenta la teoría clásica sobre responsabilidad social tuvo una predominancia innegable en el mundo de los negocios, considerando a la empresa solo como un ente generador de ingresos sin considerar las consecuencias de su accionar sobre el entorno. Pero el surgimiento del nuevo modelo significó un gran avance para la época construyendo nuevos fundamentos que permitieron el resurgimiento del concepto, ya no solo en el plano académico, sino también como parte de la estrategia competitiva empresarial.
lunes, 16 de noviembre de 2009
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